American Autumn

Garbo!

Spanish translation of Chris Hedges' article "Panache!"
AP Photo/The Times-Picayune, Matthew Hinton

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El libro favorito de mi hijo de tres años de edad es Out of the Blue. Tiene grandes fotografías a color de animales marinos, desde plancton y peces payasos hasta orcas. A menudo encuentro a mi hijo en la mañana, vestido con su pijama, tendido en el piso de su cuarto cuidadosamente pasando las páginas del libro. Y cada vez que lo oigo recitar los nombres de las magníficas criaturas ante él, se me rompe el corazón. Si no hay un cambio radical en el comportamiento humano durante la vida de mi hijo, los océanos del mundo y los sistemas de vida que éstos sostienen van a morir.

Yo lucho por mis hijos. No se trata de mí. Se trata de ellos. La profunda desesperación que siento por nuestra incapacidad colectiva para reconocer y mucho menos enfrentar los futuros trastornos catastróficos es compensada por mi deseo feroz como padre de asegurarme de haber reunido toda mi energía y resistencia para desafiar a los sistemas empresariales de la muerte que están explotando a los seres humanos y la naturaleza hasta su agotamiento o colapso. Por lo menos espero que cuando mis hijos miren atrás, vean que su padre no permaneció pasivo ante la destrucción del ecosistema en nombre de las ganancias, ante un mundo reconfigurado por las empresas en un neo feudalismo aterrador, una especie de capitalismo totalitario. Espero que por lo menos vean las fotos de su padre siendo arrastrado a la cárcel en rebeldía. No resisto por odio sino por amor, un amor por todas las cosas que la cultura deformada por las ganancias empresariales encuentra sentimental y sin sentido: niños, lagos, montañas, árboles y el canto de un zorzal en la profundidad del bosque.

Las consecuencias del cambio climático severo son inevitables. Los patrones climáticos inesperados, los incendios forestales y los tornados que arrasan los estados de la región central de EE.UU., las sequías y las inundaciones en China, Pakistán, Bangladesh y Australia, junto con la subida vertiginosa de las temperaturas en toda la Tierra, ya están sobre nosotros. Y esto es sólo el principio. Sin embargo, lo más alarmante es que la rápida y espantosa aceleración del calentamiento global, que está desfigurando el ecosistema a un ritmo más avanzado de lo previsto por los estudios científicos más pesimistas emitidos en los últimos años, ha sido recibida con la negación colectiva y la vana autoilusión. Las temperaturas globales ya han subido un grado, desatando el rápido deshielo del Ártico. Cada subida de un grado Celsio en las temperaturas supone una reducción del diez por ciento en las cosechas de grano. Si pusiéramos fin hoy a todas las emisiones de carbono, las temperaturas continuarían a subir de al menos un grado y quizás más. Una epifanía repentina no nos salvaría de un drástico cambio climático, ni de las migraciones humanas a grande escala, ni del aumento en los niveles del mar, ni del hambre o la escasez endémica de alimentos. Bienvenidos a nuestro nuevo mundo.

La única opción viable para salvar a la especie humana de la autoinmolación -poner fin a nuestra dependencia de combustibles fósiles- es ignorada por los agentes del poder de los países industrializados, que han hecho trizas el Acuerdo de Kyoto sobre el cambio climático. La última pequeña esperanza para poner en práctica una reforma y dar marcha atrás llegará a través de actos de desobediencia civil sostenidos y un abierto desafío a los sistemas formales del poder. Esto significa ser arrestado. Ésta es la conclusión de muchas de nuestras voces más proféticas e importantes, entre ellas Wendell Berry y Bill McKibben.

Trabajar dentro del sistema para lograr la reforma ha sido un fracaso. Trabajar fuera del sistema para desafiarlo también puede fallar. Seamos sinceros al respecto. Las estructuras corporativas de poder son indiferentes a las necesidades, los derechos y los deseos del ciudadano de a pie -por no mencionar los del planeta- y se han apropiado de todos los sistemas de poder, desde la comunicación de masas hasta la política electoral y los tribunales.

Es comprensible que un realista caiga en desesperación. Y si tuviera que retirarme a la autoabsorción, buscaría una pequeña parcela de tierra donde nunca tendría que escuchar el ruido de otro soplador de hojas y encontraría el poco consuelo posible dentro de mi núcleo familiar, mis libros y los susurros y la belleza de la naturaleza. Sin embargo, rendirse no es moralmente permisible. Eso sería condenar, como dijo Toro Sentado, tanto a los nacidos como los no nacidos, así como a la flora y la fauna -que Toro Sentado también consideraba sagrados- a la miseria y la muerte. No tenemos derecho a hacer eso. Debemos defender y luchar por la vida.

Debemos luchar por los que vendrán después de nosotros, para aquellos que en este momento son demasiado pequeños, demasiado débiles y demasiado impotentes para luchar, para los nacidos y los que no han nacido todavía, para aquellos que -como mi hijo- aún no han perdido la capacidad de asombro y admiración ante las naturalezas del mundo. Se lo debemos a nuestros hijos. La postura moral más difícil y el mayor acto de valentía será ver claramente, como Toro Sentado, la oscuridad y el poder de las fuerzas de la muerte desplegadas contra nosotros y aun así encontrar la fortaleza para resistir. El mayor temor de Toro Sentado al final de su vida fue de no haber luchado lo suficiente por su pueblo y que éste lo vilipendiara por ello.

La resistencia preserva nuestra dignidad personal como seres humanos autónomos. Esto significa que no hemos permitido que se nos clasifique como objetos. Es una forma de desafiar nuestra oscuridad. La vida es corta. Todos morimos. Casi todas las batallas por la justicia nos sobrevivirán por mucho tiempo. Yo encuentro mi consuelo en la fe. No se trata de la fe en alguna religión o algún credo ortodoxo, sino la fe de que estamos llamados a hacer el bien o por lo menos el bien en la medida en que mejor la podemos determinar y luego liberarla. No sabemos a dónde va este bien, ni si va a alguna parte. Los budistas le llaman a esto buena karma. Sin embargo, la fe significa que los actos de resistencia -porque la verdadera espiritualidad se trata siempre de resistencia- nunca carecen de sentido, aunque todas las señales tangibles puedan apuntar hacia el fracaso y la derrota. Esta fe me reconforta grandemente.

Es la fe que Cyrano de Bergerac gritó en su última batalla, una batalla que sabía que no podía ganar. Herido de muerte y enfrentando la muerte, de repente se levanta y dice: "¡No aquí! ¡No tendido en el suelo!".

Sus amigos se lanzaron para ayudarle. "Que nadie me ayude", les dice, apoyándose sólo contra un árbol. "Sólo el árbol... ¡dejad que el hombre venga ahora! Él me encontrará de pie, con la espada en mano... ".

"¿Qué es eso que dices?" Cyrano grita en la oscuridad. "¿Un caso perdido? ¡Pues muy bien! ¡Pero un hombre no lucha simplemente para ganar! ¡No! ¡No, es mejor saber que uno lucha en vano! ... Tú, ¿quién eres? Cien contra uno. Yo los conozco ahora, son mis viejos enemigos: ¡La falsedad! ¡Ahí está! ¡Ahí está! ¡El prejuicio, el compromiso, la cobardía!".

Cyrano iza su espada. "¿Qué es eso? ¡No! ¿Rendirme? ¡No! ¡Nunca, nunca! Ah, la vanidad, ¡usted también! Sabía que me derrocarías al final. ¡No! ¡Yo sigo luchando! ¡Sigo luchando! ¡Luchando!".

Se detiene, ya sin aliento y moribundo. "Sí, has dividido todos mis laureles y todas mis rosas; sin embargo, a pesar de tus esfuerzos hay una corona que me llevaré conmigo. Y esta noche, cuando entraré ante la presencia de Dios, ¡mi saludo barrerá a todas las estrellas del umbral azul! Una sola cosa, sin mancha, ni haber sido manchada por el mundo a pesar de la condena. ¡Mío! "

Cyrano se mueva hacia delante de un salto, con la espada en alto.

"Y eso es..."

La espada le cae de las manos. Se tambalea y cae en los brazos de Roxana y sus amigos.

"Eso es… mi garbo".

Chris Hedges.

Translated by Translator Brigades[email protected]