Apocalyptic Boredom

Žižek

EL capital es lo Real de nuestras vidas.

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Cuando se trata del sida, el hambre, la escasez de agua, el calentamiento global, y así sucesivamente, siempre parece haber tiempo para reflexionar, para posponer las decisiones. (La principal conclusión del último encuentro de los líderes mundiales en Balí, aireado como un éxito, fue que volverían a reunirse dentro de dos años para continuar las conversaciones …) Pero, sin embargo, con el colapso financiero, la urgencia para actuar fue incondicional: había que encontrar inmediatamente sumas de magnitud inimaginable. Salvar a las especies en peligro, salvar el planeta del calentamiento global, salvar a los pacientes de sida y a aquellos que mueren por falta de fondos para costosos tratamientos, salvar a famélicos niños… Todo esto puede esperar un poco. Por el contrario, el llamamiento a “¡salvar a los bancos!” es un imperativo incondicional, que debe recibir una respuesta inmediata. El pánico era tan absoluto que inmediatamente se estableció una unidad transnacional no partidista, todas las rencillas entre los líderes mundiales quedaron momentáneamente olvidadas para evitar la catástrofe. Pero, realmente, lo que el tan elogiado enfoque “bipartidista” significaba era que incluso los procedimientos democráticos quedan suspendidos de facto: no había tiempo para entablar un debate adecuado, y aquellos que se opusieron al plan en el Congreso de Estados Unidos fueron rápidamente enviados a unirse a la mayoría. Bush, McCain y Obama rápidamente se reunieron, explicando a unos desconcertados congresistas que, simplemente, no había tiempo para discusiones; estábamos en un estado de emergencia y simplemente había que hacer las cosas deprisa … Tampoco olvidemos que las increíblemente enormes sumas de dinero se gastaron no en resolver algún claro problema “real” o concreto, sino esencialmente en restaurar la confianza en los mercados, es decir, ¡simplemente para cambiar las creencias de la gente!

¿Necesitamos alguna prueba más de que el capital es lo Real de nuestras vidas, un Real cuyos imperativos son mucho más absolutos que incluso las más apremiantes demandas de nuestra realidad social y natural?

Slavoj Žižek, Primero como tragedia, después como farsa

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