The Philosophy Issue

Negociando el fin de los tiempos

Por favor avísenme. Se acercan los playoffs.
Camille Seaman, Stranded Iceberg, Cape Bird, Antarctica 2006

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Cada generación tiene su apocalipsis. Puede o no ser real, pero si alguna vez te ha invadido la sensación de que nada va a evitar que tu sociedad caiga en el abismo de algún tipo de destrucción, es probable que te encuentres en medio de uno. Jesús de Nazaret aseguraba estar viviendo en el fin de los tiempos, y que el anticristo caminaba a su lado. Hubo ciudades medievales enteras arrepintiéndose de sus pecados cuando la peste bubónica mató un tercio de la población europea, porque la gente estaba convencida de que había llegado el juicio final. La primera guerra mundial, la Guerra que terminaría con todas las guerras, plantó las semillas de una todavía peor. Durante los conflictos que se dieron después de la Gran Guerra entre la Unión Soviética y Estados Unidos, el mundo estaba tomado por el terror ante el prospecto de que un bufón en un traje pudiera mandar al mundo directo a la Mega-Muerte. En 2011 hay todavía más apocalipsis de dónde escojer, una cornucopia de posibilidades para el fin de los tiempos: meteoritos, profecías antiguas, vientos solares, calendarios Mayas, magnetismo terrestre revertido, cambio climático, extinción de las especies, y así. Tú escoge. Para tener cierta perspectiva sobre todas estas opciones, puedes preguntarte, ¿qué tienen en común el anticristo, el invierno solar, el fin de la guerra, y el fin del mundo? Que nunca pasaron.

Tal vez ahora te estás preguntado porqué.

Hay tantas razones para este aguafiestas catastrófico como hay maneras de cruzar el punto de no-regreso, pero tal vez ninguna es tan importante como la idea de que un boleto de primera fila para el Armagedón es el viaje de ego más grande que puede haber, y que, pues, a los humanos nos gusta sentirnos especiales. No hay muchas cosas que puedan reemplazar la importancia única que uno puede sentir al estar viviendo el fin de los tiempos. Tal vez por eso el fin siempre está sobre nosotros.

A pesar de diagnósticos que apuntan a lo contrario, en el siglo XXI los humanos pueden aguantar más que nunca antes. En realidad, la humanidad nunca aflojó el paso desde que dejó el Gran Valle del Rift y liquidó a los Neandertales. Hoy, como los compañeros de Cromañón, casi todo lo que no es humano se está muriendo. Esto es motivo para reflexionar sobre la urgencia de nuestra época, tal vez hasta razón suficiente para considerar lo único de la situación del siglo XXI. En el pasado, el gran miedo de la humanidad era la muerte de la humanidad. Ahora, sin embargo, es la muerte por la humanidad -- una muerte lenta cada vez que alguien prende la calefacción, cada vez que le ponen un pañal desechable a un niño, cada vez que alguien le pone gas a su coche, cada vez que alguien va a un concierto. Tal vez toda esa mitología griega de matricidio y parricidio es profética en vez de alegórica. Tal vez el fin solo está en nuestras cabezas.

Detrás del vapor de mi café caliente (orgánico, crecido en la sombra, de intercambio ético, eco-amigable, que protege a los pájaros, que ayuda a las comunidades que lo cultivan, de salario justo, producido en cooperativa, en igualdad de género, pro-sindicato) puedo ver el nuevo complejo residencial Verde. Me pregunto, ¿cuál debería ser mi actitud hacia ésto? Más gente, buscando usar menos recursos, intentando, paradójicamente, consumir hasta sacarse del Ciclo. Cada torre está marcada con un slogan como Valle de la Naturaleza, Cañada Primavera, Vista Alpina, Vida en Comunidad, Campo en la Ciudad. Mis calles tienen hasta basureros que dicen “Mantén bonito Vancouver”. La intención no es irónica.

Me pasé semanas buscando algo inspirador que decir sobre el ecocidio, pero terminé en un sitio de estadísticas de hockey, internalizando la historia de un equipo débil canadiense intentando llegar a los playoffs. Los resultados de estos últimos por lo menos daban la impresión de haber estado haciendo algo.

Cuando BP logra utilidades menos de un año después del más grande desastre ambiental en la historia de EU --y no hay nadie en la cárcel-- te das cuenta de que el marco legal vigente respecto al medio ambiente no está funcionando. Cuando los sistemas tradicionales de propiedad de tierras --los últimos vestigios de Comunidad-- están siendo erosionados en favor de la privatización y la utilidad, el paradigma vigente está torcido.

¿Es posible que eventualmente la humanidad ponga el ecocidio y el genocidio en el mismo nivel? Es posible que el paradigma cambie y yo diga ‘esta tierra es parte de mi’? Recientemente, el Ecuador reconoció derechos de Ley Salvaje* en su constitución, leyes que dicen que un arroyo tiene el derecho de fluir.

Leyes que podrían rehabilitar el concepto de simbiosis, limpiándolo de asociaciones con el parasitismo -- si es que ‘parasitismo’ es una palabra. De los derechos viene la imposición, y de la imposición viene la criminalidad. Por lo menos a grandes rasgos. Lo que Ecuador ha hecho al reconocer los derechos de Pachamama, la madre tierra, puede ser o el principio de un nuevo mundo que rechaza el antropomorfismo en la Ley, o una progresión en la espiral del lavado verde del viejo mundo. Que Ecuador ni siquiera pueda protejer a sus ciudadanos de Chevron, me hace inclinarme por la primera.

Pero puedo ver algo más allá de los jardines comunitarios en las azoteas de los nuevos edificios de mi barrio. Pasó hace casi tres años. En Septiembre de 2008, seis activistas del medio ambiente fueron declarados inocentes en una corte londinense por daño a una planta eléctrica de carbón. El jurado aceptó el argumento de ‘excusa legítima’. Es el principio legal según el cual una persona puede dañar propiedad si esto es para evitar daño mayor a otras propiedades. Los activistas argumentaron que la fábrica hacía más daño al medio ambiente que lo que el graffiti le había hecho a la planta. El jurado estuvo de acuerdo.

Los titulares dijeron: “LUZ VERDE A LA ANARQUÍA”

Han pasado tres años y nada desde entonces.

Por favor avísenme. Se acercan los playoffs.

—Darren Fleet

Translated by the Translator Brigades[email protected]