Nada más que hacer que comprar

Ya sea en tu ciudad o cuando estás de turismo, ir de compras parece haberse convertido en el pasatiempo nacional de todas las regiones del mundo. Ir de compras por puro placer no es un nuevo fenómeno de nuestros días; sin embargo, el problema que se presenta en la actualidad es que nuestra generación no puede afrontar los costes financieros y ambientales que éste conlleva.

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“Disculpe,” me saludó una elegante joven turista vestida de color negro azabache. Enganchada al brazo de su novio con una mano y extendiendo un fajo de billetes con la otra, me preguntó educadamente si estaría dispuesta a comprarle un bolso de Prada – al parecer, y debido a la gran demanda existente, la tienda únicamente le permitía comprar un máximo de tres bolsos. Yo me quedé estupefacta con su solicitud: ¿qué hacía esa mujer, en un día soleado de verano, recolectando bolsos en vez de estar disfrutando de los millones de vistas que ofrece la Ciudad de la Luz? ¿No tenía nada mejor que hacer durante sus vacaciones que ir de compras?

Ya sea en tu ciudad o cuando estás de turismo, ir de compras parece haberse convertido en el pasatiempo nacional de todas las regiones del mundo. En el artículo “Compras o Nada”, ("Shopping or Nothing" - The New Statesman), el columnista británico Neil Boorman lista con determinación, para luego desestimar, las actividades que podrían suponer un desafío al “plan de ocio por excelencia – ir de compras”. ¿Visitar Galerías de Arte? Sólo sería posible en las grandes ciudades, ¿Centros Deportivos? Generalmente, los buenos son privados y requieren que seas socio. En 2007, el estudio “Make Space Youth”, reflejaba que el 80% de los 16.000 jóvenes británicos encuestados afirmaban no tener nada qué hacer ni dónde ir después del colegio. Debido al escaso número de espacios públicos al aire libre existentes, los centros comerciales se han convertido en el punto de encuentro para todo el mundo, sin importar la edad ni el poder adquisitivo.

Las razones para que el plan de ir de compras sea el predominante son diversas. Algunos lo achacan al cierre de espacios al aire libre tales como: pistas de skate y centros de recreación: CABE, la Comisión para la Arquitectura y la Construcción de nuevos ambientes, se queja de que los británicos, que son “quienes inventaron el concepto del parque”, han reducido el presupuesto público dedicado a parques públicos en 1.3 billones de libras desde 1979. Respaldados por iconos de la juventud como Lily Alen, el grupo 4Children, con sede en Londres, ha logrado convencer al gobierno para que invierta 100 millones de libras, durante 10 años, en la creación edificios y servicios orientados a los jóvenes.

Pero, ¿es en realidad la falta de espacios al aire libre en las ciudades la que lleva a millones de personas a pasar todo su tiempo libre vagando sin rumbo por las zonas comerciales? El aburrimiento destacado por los jóvenes británicos se hace eco entre los jóvenes de todo el mundo, quienes tienen poco más que hacer en su tiempo libre que deambular por calles y comprar. China ha constatado la aparición de una nueva tipología de jóvenes que se gastan sus sueldos de un atracón sin destinar nada al ahorro, se les ha bautizado como “Moonlight Clan”. En ciertos lugares de Oriente Medio, los grandes almacenes están empezando a competir con las mezquitas y los hogares como lugares elegidos para los encuentros sociales. Mona Abaza, un profesor de Sociología asociado de la Universidad Americana del Cairo, ha observado que los centros comerciales de Egipto se han convertido en “el punto de encuentro de los jóvenes”, y que incluso durante la recesión económica, los niños de la ashwaiayat (los barrios pobres) acuden en masa a los centros comerciales para disfrutar del “mundo de la promoción social simulada”.

No es sólo la falta de imaginación y de espacio físico lo que ha elevado el hecho de ir de compras de una actividad práctica hacia una forma de entretenimiento masiva: las causas son tanto sociales como políticas. Cada día nos inundan imágenes de famosos y modelos promocionando coches, cosméticos, zapatos y tarjetas de crédito. Cuando la economía se desploma o cuando el miedo golpea a la sociedad, los gobiernos animan a la sociedad a “salir más de compras”, como dijo George Bush a la prensa el pasado invierno.

Ir de compras por puro placer no es un nuevo fenómeno de nuestros días; sin embargo, el problema que se presenta en la actualidad es que nuestra generación no puede afrontar los costes financieros y ambientales que éste conlleva. La erosión que se ha producido en la clase media les ha obligado a endeudar millones para poder costearse sus compras, mientras que la producción y el derroche de un trillón de bolsas de plástico al año ha inundado el mundo de toxinas. Probablemente la supervivencia futura de la humanidad no dependa tanto de revelaciones científicas o de grandes avances políticos sino en ver si somos capaces de encontrar mejores formas para que nuestros hijos disfruten de su tiempo libre.

Translated by the Translator Brigades[email protected]