The straight line is godless and immoral

La economía psíquica de Occupy

Si el síntoma es la flecha que apunta al núcleo del problema, la pregunta entonces es ¿hacia donde señalan estos síntomas específicos?
Lautaro Fiszman

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Los pacientes sufren depresión, su nivel de ansiedad aumenta y algunos caen en estados psicóticos; los mercados de valores pierden puntos, las monedas se devalúan, la inflación se incrementa y en los hogares escasean la comida y otros productos.

En la psicoterapia profunda, lo que sea que trajo al paciente a la consulta tiende a ser menos importante de lo que parecía en un principio. Los pacientes acuden sintiéndose ansiosos o deprimidos, con problemas de relación o frustrados porque creen que no están donde deberían estar. Sin embargo, desde la perspectiva de la psicología profunda, la depresión, la ansiedad y la insatisfacción son síntomas que implican una crisis mucho mayor. De hecho, el síntoma es el camino hacia la crisis, su aspecto visible (y parcial). En este sentido Occupy Wall Street, la indignación de gran parte de la clase media en los países desarrollados, la crisis inmobiliaria en los EE.UU., el paro en España o las guerras de la droga en México no son los problemas reales. Son solo síntomas, conectados pero contingentes a su localización específica y a su población.

No obstante, los síntomas están ahí por alguna razón. Es habitual que un paciente que viene porque tiene una depresión en realidad esté atravesando una crisis de identidad que amenaza sus ilusiones matrimoniales, sus metas profesionales, sus convicciones políticas o su estatus social. Eso es lo que caracteriza el comienzo de la psicoterapia profunda: una crisis de significado, una grieta estructural en nuestra individualidad. De pronto, tanto si nos damos cuenta como si no, el sistema que sustentaba nuestra identidad, aquello que afirmaba nuestro autoconcepto y daba coherencia a nuestras ideas, emociones y acciones, se desmorona. Se vuelve insuficiente o desfasado. Pero esta ruptura no puede ser procesada o siquiera experimentada de forma completa por nuestro ego consciente; sencillamente es demasiado compleja, demasiado dolorosa y demasiado amenazadora. Hablando en términos psicológicos, un síntoma se genera cuando tenemos algo lo bastante doloroso como para obligarnos a actuar, pero suficientemente soportable como para que nos deje movernos. En el caso de Occupy, la lucha económica del 19% que se encuentra entre el 1% de arriba y el 80% de abajo (la clase media, que se siente lo bastante incómoda como para saber que algo no anda bien, pero lo bastante cómoda como para hacer algo al respecto), Occupy, decimos, es el síntoma.

Si el síntoma es la flecha que apunta al núcleo del problema, la pregunta entonces es ¿hacia donde señalan estos síntomas específicos? En términos post-jungianos, resulta necesario mirar más allá del síntoma para revelar el patrón arquetípico que se oculta detrás. Y con estos patrones aparece la palabra «economía». Una crisis económica puede describirse, tanto financiera como psicológicamente, como un desequilibrio en los patrones de intercambio que produce ciertas manifestaciones dolorosas. Así que el paciente se divorcia o el ciudadano es desahuciado. Estos son problemas muy serios que deberían tenerse en cuenta por sí mismos, pero cuando entramos en un proceso que pone los problemas en contexto (como cuando acudimos a la consulta de psicoterapia profunda o cuando nos unimos a la protesta en Zuccotti Park) ya no se trata tan solo de un divorcio o de un desahucio, sino de lo que estos síntomas ponen de manifiesto de forma indirecta. En términos clínicos, los síntomas apuntan a un conflicto mucho mayor que tiene dos características fundamentales: es inconsciente y es sistémico. Las profundidades de una crisis psíquica o económica (es decir, los aspectos de la crisis que revelan cómo esta se halla presente en cada aspecto del sistema) están por definición fuera del ámbito consciente de cualquier individuo, especialmente en el del individuo que presenta los síntomas. El conflicto que subyace al síntoma es demasiado doloroso y complejo como para poder encajar en nuestros marcos de referencia. Así que hagámonos la siguiente pregunta incómoda: ¿qué subyace al síntoma de Occupy? ¿cuál es su trasfondo? ¿qué nos empuja a protestar, a indignarnos ante la desigualdad, a ocupar y a escribir sobre la ocupación?

Diagnóstico del Movimiento
Como médicos clínicos, lo único que debemos hacer es seguir el síntoma y ver a dónde nos conduce. Nos dejamos llevar. Cuando se lo sigue hasta el final, el proceso está lleno de sufrimiento, ya que implica el abandono de muchas (a veces todas) de las identificaciones que daban sentido a la vida del paciente. En otras palabras, al dejarnos llevar se reconfigura por entero la economía psicológica de la personalidad del paciente, y esa reconfiguración, aunque pueda resultar eventualmente recompensada, implica muchos movimientos (examen de patrones emocionales neuróticos, recuerdo de vivencias hirientes, confrontación con aspectos oscuros de nuestra personalidad) que a menudo son mucho más difíciles de soportar que el dolor del síntoma inicial. Duele porque ello implica un abandono radical de nuestros mecanismos de seguridad psicológica y entregarnos a una absoluta incertidumbre. Seguir este proceso, sin embargo, puede revolucionar la vida de una persona y redefinir por completo su lugar en el mundo.

En el caso de Occupy esto significa que, aunque una estabilización de la economía norteamericana puede ser lo bastante buena para los ciudadanos de los EE.UU., o que el fin de la guerra de la droga puede ser suficiente para los mexicanos, o que la solución de la crisis de crédito puede bastarles a los europeos, el detenernos ahí podría ser tratamiento para algunos de los síntomas, pero no para la crisis subyacente que los provoca. Si ampliamos nuestra visión de la crisis financiera a sus aspectos emocionales, intelectuales y culturales, y echamos una mirada a sus niveles inconscientes y sistémicos, entonces nuestra visión gana mucho en complejidad, en un principio porque se vuelve tanto intrapsíquica (psicológica) como interpersonal (social). De paso, tal perspectiva podría también darnos acceso a los aspectos del movimiento ocultos, no visibles o no expresados.

Es importante no confundir el síntoma con el origen del movimiento psíquico (o social). El síntoma es lo que hace detonar el movimiento en el nivel consciente. Provoca la protesta deliberada y la reflexión. Pero el movimiento que está teniendo lugar es mucho más complejo que la crisis inmobiliaria, el desempleo o el tráfico de drogas. Los abusos del 1% y los problemas de la clase media del primer mundo han dado origen al movimiento, pero el espíritu del movimiento apunta a un sistema económico que incluye a todos los habitantes del planeta. No todo el mundo ocupa, pero todos sufrimos las consecuencias de la opresión financiera. El inadvertido 40% de abajo no puede protestar, básicamente porque vive en modo de supervivencia. Si Occupy quiere ser realmente revolucionario, entonces tiene que llegar a las consecuencias generalmente ocultas de nuestro sistema financiero. Si este movimiento va a cambiarnos verdaderamente tendrá que operar tanto en el interior como en el exterior. Tendrá que despertar un movimiento tanto emocional como socioeconómico en todos los que participamos en él. El sistema psíquico económico tiene que ser examinado por entero, individual y colectivamente.

Esta es una pregunta muy particular que la psicología profunda podría hacer a todos los que de una forma u otra participamos en Occupy: ¿seguiremos el movimiento hasta el final? Una vez que la crisis financiera amaine, ¿continuaremos explorando el resto de nuestros patrones de intercambio neuróticos y permitiremos una transformación radical de nuestro mundo tal y como lo hemos conocido?

Gustavo Beck es psicoterapeuta y catedrático universitario en Ciudad de México. Se interesa por el pensamiento post-junguiano, la Estética y la intersección entre la teoría psicológica y los fenómenos sociopolíticos. Una versión más larga de este artículo aparece en la colección Occupy Psyche: Jungian and Archetypal Perspectives on a Movement.

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