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La clave del poder

Vaciando las iglesias de la Izquierda.

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Podemos ver la ciudad alzándose sobre una colina, aunque parece estar demasiado lejos. De la misma manera, podemos imaginarnos formando parte de una sociedad justa, igualitaria y sostenible, en la que todos tengamos acceso al bien común y podamos compartirlo, aunque las condiciones necesarias para hacerla realidad todavía no existen.

No se puede crear una sociedad democrática en un mundo donde unos pocos poseen toda la riqueza y las armas. No se puede devolver la salud a un planeta que está en manos de quienes lo destruyen. Los ricos no renunciarán a sus riquezas y bienes; los tiranos no se limitarán a deponer las armas y a dejar que sus reinados de poder se desmoronen. Llegará un momento en que tendremos que hacernos con ellos, pero es mejor ir despacio: no es tan sencillo.

Aun cuando nos veamos tentados por la desesperación, debemos recordar que, a lo largo de la historia, se han sucedido acontecimientos impredecibles e inesperados que motivaron que las cartas de los poderes y las posibilidades políticas volviesen a barajarse, y no hace falta haber vivido un milenio para creer que este tipo de acontecimientos políticos se repetirá. No es solo cuestión de números: quizás un día haya millones de personas en la calle pero nada cambie; mientras que, al día siguiente, la acción de un pequeño grupo de personas puede cambiar por completo las tornas del poder. En ocasiones, la acción llega en un momento de crisis política y económica, en que la gente sufre; en otras, sin embargo, llega en un momento de prosperidad, en el que crecen las esperanzas y aspiraciones. Es posible que, incluso en un futuro no muy lejano, toda la estructura financiera acabe desplomándose, o que los deudores consigan la convicción y el valor necesarios para no pagar sus deudas.

No podemos saber cuándo llegará el momento, pero eso no significa que nos limitemos a esperar de brazos cruzados hasta que llegue. Nuestro deber político es paradójico: debemos prepararnos para el momento a pesar de que su fecha sea desconocida.

Las fuerzas de la rebelión y la revuelta nos permiten desechar las subjetividades empobrecidas que la sociedad capitalista produce y reproduce continuamente. Un movimiento de rechazo organizado permite que reconozcamos quiénes somos. Nos ayuda a liberarnos de la moralidad basada en la deuda y de la disciplina del trabajo que esta nos impone. Nos permite apartar la mirada de las pantallas y romper el hechizo que nos han lanzado los medios. Nos ayuda a liberarnos del yugo del régimen de seguridad y a hacernos invisibles al ojo que todo lo ve. Desmitifica, también, las estructuras de representación que limitan nuestro poder para realizar acciones políticas.

Sin embargo, la rebelión y la revuelta no solo ponen en marcha un movimiento de rechazo, sino también un proceso creativo del que nacen nuevas verdades.

Algunos organizadores y pensadores políticos más tradicionales de la izquierda están disgustados con los ciclos de luchas del 2011, o al menos recelan de ellos. «Las calles están llenas, pero las iglesias vacías», dicen, lamentándose. Según este razonamiento, las iglesias están vacías porque, a pesar de que hay mucho espíritu de lucha en estos movimientos, hay poca ideología o liderazgo político centralizado. Por tanto, hasta que no haya un partido y una ideología que lideren los conflictos en las calles y, por ende, hasta que las iglesias no estén llenas, no habrá revolución.

¡Pero es justamente al revés! ¡Tenemos que sacar a la Izquierda de las iglesias y cerrar sus puertas y quemarlas! Estos movimientos no son poderosos pese a su falta de líderes, sino debido a ella. Son multitudes organizadas y su insistencia en una democracia a todos los niveles es más que una virtud: se erige en la clave de su poder.

Michael Hardt es un filósofo político y teórico literario estadounidense. Antonio Negri es un filósofo marxista italiano. A finales de los años setenta, Negri fue acusado de ser el cerebro del grupo terrorista de izquierda «Brigadas Rojas». Negri emigró a Francia, donde impartió clases, en París, junto a Jacques Derrida, Michel Foucault y Gilles Deleuze. Hardt y Negri han publicado cuatro críticas importantes al capitalismo tardío y a la globalización. El trabajo de Dionisos: Una crítica de la forma-estado (Labor of Dionysus: A Critique of the State-Form, 1994), Imperio (Empire, 2000), Multitud: Guerra y democracia en la era del imperio (Multitude, 2004) y Commonwealth: El proyecto de una revolución en común (Commonwealth, 2009). Este fragmento se ha extraído de su último libro, titulado Declaration.

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