Are We Happy Yet?

La lucha contra el capitalismo

En primavera debemos redescubrir formas de cuidado insurrecionarias.

DAVID DEGNER

Este artículo está disponible en:

Mientras #OWS engloba una multiplicidad de tácticas, opiniones y grados de radicalismo político, es claro y evidente que el alma de Occupy es anticapitalista y el deseo de un sistema diferente es un deseo de un movimiento de protesta cuyo alcance en nuestras vidas es más holístico. Ya se han hecho trabajos estimulantes para organizarse en diferentes comunidades y uno puede imaginarse la emergencia de una red dispersa, no solo de asambleas generales sino también de comunas y cooperativas.

Cargamos con el viejo pesimismo teórico, diciéndonos que cualquier forma desarrollada y continuada de organización comunitaria solo puede existir como un bolsillo autónomo que no supone ninguna amenaza al capitalismo. Pero apoyar formas autónomas y comunitarias de cuidado no es desmarcarse de las formas de acción directas y activas. Los aspectos positivos y negativos de la lucha contra el capitalismo deben trabajar conjuntamente los unos con los otros para reforzarse mutuamente. Las comunas, cooperativas y otras estructuras de apoyo social proporcionan una red de seguridad material que facilita la acción radical, permitiendo a las personas desprenderse del trabajo y de las deudas contraídas con la seguridad de que sus necesidades materiales van a estar cubiertas cuando así lo hagan.

Además, tales formas de organización pueden dar comienzo al proceso increíblemente difícil de crear confianza entre personas con pasados y experiencias radicalmente distintos, procurando apoyo para quienes lo necesitan, especialmente aquellos que han sufrido el colapso económico. Estas formas de organización enervarán al statu quo sustrayendo el tiempo y la energía de los participantes de sus roles como trabajadores asalariados y consumidores. Claro que #OWS ya ha empezado a hacer esto; muchos de nosotros que no disfrutamos del lujo de tener empleos altamente flexibles (es decir, precarios) o quienes no se han dedicado todavía a la ocupación a tiempo completo (y ahora duermen en iglesias, sinagogas y viviendas privadas ofrecidas generosamente y organizándose durante el día) ya dedicamos nuestras horas en la oficina leyendo clandestinamente los emails de los grupos de trabajo o artículos relacionados con Occupy. Nuestro objetivo es conseguir un modo de vida menos esquizofrénico en el cual el efecto totalizador de Occupy en nuestros pensamientos se refleje de un modo en el que predomine en nuestras acciones, un modo de vida en el que nuestra política esté en concordancia con la manera en la que nos sustentamos. Para aquellos que están en contra del capitalismo esto significará evaluar nuestra audacia y examinar nuestra propia percepción del futuro. Tal y como observó Daniel Marcus:

No puede haber movimiento de comunas si la protesta es meramente una actividad extracurricular de los asalariados: los trabajadores tendrán que elegir si están con las comunas o con los jefes o administradores.

La necesidad de nuevas estructuras de cuidado es tanto emocional como material. Muchos de nosotros estamos empezando a darnos cuenta de la amplitud de nuestra propia insatisfacción. Pasamos tiempo con amigos y amantes pero estos encuentros son contrapuntos transitorios a la anomia inducida por una cultura del individualismo. Trabajamos hacia el éxito, pero lo que constituye el éxito parece cada vez más vacío. Quizás sea anticuado hablar de «alienación», demasiado naif como para afirmar qué formas de trabajo o qué actividades puedan comenzar a vencerla; quizá sea utópico creer en que podríamos crear una sociedad en la que una vida mejor sea posible. Ya vemos la posibilidad de estas cosas en el futuro cercano de este movimiento y ya estamos empezando a construir la infraestructura necesaria.

El afecto no solo es un efecto, sino una herramienta decisiva de la revolución. Así como la catarsis de la resistencia que experimentamos en otoño reforzó el espíritu de comunidad y nos alentó a ir más lejos, habrá ejemplificaciones holísticas de Occupy, más comunitarias, autosuficientes que afianzarán y reforzarán aún más al movimiento. Somos más fuertes cuando nuestra resistencia se inspira en nuestra indignación pero cuando también aprovecha nuestras fuerzas vitales, extendiéndose a la base material y psicológica de nuestras vidas.

En primavera debemos redescubrir que hay tipos militantes de comunidad y formas de cuidado insurrecionarias.

Nicole Demby es escritora y crítica y vive en Brooklyn. Es miembro del Arts & Labor group [grupo de arte y trabajo] de Occupy Wall Street.

Traducido por Translator Brigades[email protected].