Are We Happy Yet?

Rompiendo las cadenas de la modernidad

Reinventando viejas formas de vida y muerte.

XAVIER LE ROY

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LOS PROBLEMAS FILOSÓFICOS Y ESPIRITUALES de nuestro tiempo son tan grandes que lo que pide nuestra época son nuevos manifiestos de conocimiento y de existencia. Necesitamos un cambio espiritual que exceda lo político. Desafortunadamente la mayoría de nosotros en el mundo «occidentalizado» pasamos más tiempo intentando escapar de nosotros mismos (sexo, adicciones, moda, entretenimiento, éxito) que reflexionando sobre el estado de nuestra existencia, nuestro corazón o nuestra alma. Somos personas conducidas por nuestros deseos: deseos que destruyen nuestros corazones y cualquier habilidad para conectar con las realidades espirituales que nos rodean. Como dice el Corán: «Dios no cambia la condición de las personas hasta que ellos no cambian su propia condición».

En el clásico manifiesto de la descolonización, Discurso sobre el colonialismo, Aimé Césaire describió la vida occidental como un veneno que infecta el planeta. Césaire escribió que para comprender nuestra existencia «primero debemos estudiar cómo funciona la colonización al embrutecer al colonizador en el verdadero sentido de la palabra, para degradarle, para despertar en él instintos enterrados, codicia, violencia, odio racial y relativismo moral». Para Césaire, «se ha asentado una gangrena… ha empezado a extenderse un foco de infección…» El veneno del que advertía Césaire es un veneno filosófico y espiritual que nos infecta hoy a cada uno de nosotros.

En el último libro del estudioso Vine Deloria Jr., El mundo en que solíamos vivir, escribe: «La secularidad de la sociedad en la que vivimos debe compartir una culpa considerable por la erosión de los poderes espirituales de todas las tradiciones, puesto que nuestra sociedad se ha convertido en una parodia de la interacción social, carente incluso de cualquier aspecto de civismo». La desacralización del yo y de nuestro mundo de la vida está dejando muertos nuestros corazones.

Para salvarnos, para evitar la catástrofe, necesitamos dar lo que Walter Mignolo llama un  «paso geopolítico epistémico». Esto exige una forma de crítica que está enraizada profundamente en lo que se conoce en árabe como muhasabah, o autoexaminación en tres niveles: examen de uno mismo y del estado espiritual, un examen de las jerarquías dominantes con las que todos interaccionamos como el género, la raza, la clase, la sexualidad y la dominación religiosa y, finalmente, un examen de los conocimientos locales propios y del lugar desde el cual emana la crítica. Centrándonos de nuevo en lo sagrado en este proceso de autoexamen podemos aprender de las feministas de Chicana y de la idea emergente del «amor de la descolonización».

Laura Pérez, catedrática de Estudios Étnicos de la UC Berkeley conecta el «amor colonial» al principio maya de In’Laketch: «tu eres mi otro yo». Pérez explica que «no solo estamos entrelazados, somos uno. Yo soy tú y tú eres yo. Hacerle daño a alguien es literalmente hacerle daño a uno mismo. Esta es una ley espiritual básica en muchas tradiciones». Este cambio en la geopolítica del saber supone un alejamiento de Descartes y de la tradición occidental moderna de centrar la conciencia humana en la mente, que lleva a centrar la conciencia en el corazón espiritual (qalb). Esta idea del conocimiento centrado en el corazón es fundamental para muchas tradiciones, incluyendo el cristianismo, el budismo y el islam y también es empleado por el subcomandante Marcos y en el precepto zapatista para posicionar la política abajo y a la izquierda, donde se encuentra el corazón en la cosmología azteca y maya.

Parecido al concepto de Gloria Anzaldua «la facultad», una forma de conocimiento interior, encontramos el concepto islámico de Al Basira, el ojo del corazón, que es el centro de la percepción espiritual, si esta se desarrolla adecuadamente. Como escribió el gran filósofo místico Al-Ghazali en su obra maestra de las ciencias interiores del Islam, Ihya’ ulum al-din, «la Creación hace referencia a lo externo y el carácter a lo interno, la forma. Ahora, el humano se compone de un cuerpo que percibe con una visión ocular (basar) y un espíritu (ruh) y un alma (nafs) que percibe con visión interior (basira). Cada uno de estos elementos tiene un aspecto y una forma bella o fea. Además, el alma que ve con una visión ocular (basira) es más valioso que el cuerpo que ve con una visión ocular». Viendo con el ojo de nuestro corazón podemos empezar a diferenciar entre la forma y el significado, puesto que la forma exterior de las cosas no siempre constituye su realidad interna y espiritual.

La visión de nuestros corazones se ha cegado con el veneno del materialismo de base. En el poema en verso de la antigua santa sufí Rabi’a al-Adawiyya: «¡Oh, hijos de la nada! La verdad no puede entrar por vuestros ojos, ni el habla puede salir por vuestra boca para encontrar a [Dios], oír lleva al hablante por el camino de la ansiedad, y si sigues a tus manos y a tus pies llegarás a la confusión. El trabajo real está en el corazón: ¡Despertad vuestros corazones! Porque cuando el corazón está completamente despierto, entonces no necesita amigos».

Para romper con las cadenas de la modernidad debemos aprender de los filósofos de la anticolonización y de las ciencias espirituales. En última instancia, debemos andar por el sendero del amor, para vernos en la luz divina en la que nacimos. Como dijo el gran filósofo místico Ibn Arabi: «Creo en la religión del amor, cualquiera que sea la dirección de sus caravanas, porque el amor es mi religión y mi fe».

Dustin Caun es un escritor, educador y organizador comunitario que vive en Berkeley, California. Este ensayo es un extracto de su próximo libro titulado Decolonizing the Heart in an Upside Down World [Descolonizando el corazón en un mundo cabeza abajo].

Traducido por Translator Brigades[email protected].

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