The Big Ideas of 2012

El Nuevo Espíritu de la Economía

Spanish translation of "The New Spirit of Economics."
Rafiqur Rahman - Reuters

This article is available in:

La economía no fue siempre la ciencia que hoy clama ser. De hecho, no hace mucho tiempo, lo que ahora llaman la economía de la gran E era mágica, misteriosa y profunda. John Maynard Keynes, el arquitecto de la recuperación de Estados Unidos de la Gran Depresión y un paladín del estado de bienestar, creía que en lo más hondo, la economía estaba dominada por "espíritus animales". Esto quiere decir que la mentalidad libre, igual y racional de los consumidores en el paradigma económico Locke/Smith no es suficiente para explicar acciones humanas en el mercado; que la economía opera más de acuerdo a la herencia animal freudiana, o a impulsos esotéricos y emocionales, que a la razón. Otros pensadores de esta era económica formativa, como Joseph Schumpeter, percibieron que un violento impulso guerrerista de "creación destructiva" acechaban en el corazón del capitalismo. Y Karl Marx, el gran soñador, propuso que la teoría económica, en lugar de darle poder y recompensas al gen egoísta, debía tal vez crear un mejor ambiente social en el cual cada persona diera de acuerdo a sus habilidades y recibiera de acuerdo a sus nececidades.

Pero alrededor de la década de 1950, cuando los positivistas lógicos estaban pavoneándose con su filosofía de estricta racionalidad, al aplicar el método científico a fenómenos sociales los economistas empezaron a distanciarse de consideraciones psicológicas y sociológicas. Les gustaba pensar de sí mismos como verdaderos científicos, y luego de las siguientes generaciones racionalizaron el comportamiento humano, desinfectaron sus teorías y sus modelos y trataron de de transformar la economía en una disciplina exacta manejada por las matemáticas bajo el modelo de la física.

Hoy en día, como se muestra en el libro de texto de Gregory Makiw ampliamente usado para el primer año de economía en la universidad, Principios de la Economía, la disciplina del "bien común" ha sido reducida a un seco, aburrido, amoral e inhumano estudio lleno de pseudo fórmulas y complejas ecuaciones con poca conexión a las preguntas éticas o al beneficio social. En gráfico tras gráfico sobre página tras página de Principios de la Economía se nos revela cuán lejos la economía se ha distanciado de la poesía y la prosa de sus raíces – esa frecuentemente malinterpretada biblia de las finanzas globales, La Riqueza de Las Naciones de Adam Smith – a la intencionalmente obtusa y elitista matemática de hoy en día.

Mientras tanto, un grupo de pensadores radicales (aunque no realmente radicales – solo tradicionales) trataron de advertir a los fanáticos de la lógica enconómica que su profesión estaba siendo conducida hacia una calle ciega. El ganador del Premio Nóbel Wassily Leontif dijo: "Los departamentos de economía están graduando a una generación de sabios idiotas, brillantes en las esotéricas matemáticas pero inocentes de la verdadera vida económica". El Autor de El Origen de las Ideas, Guy Routh, escribió: "Los libros de texto estándares sobre economía son poderosos instrumentos de desorientación; para confundir la mente y prepararla para aceptar mitos de creciente complejidad e irrealidad". Y el gran economista estadounidense e historiador Robert Heilbroner, famosamente adviritió: "Antes de que la economía pueda progresar debe abandonar sus formalismos suicidas".

¿Pero fue en vano?... Por medio siglo estas advertencias han caído en oídos sordos.

Y aquí estamos: la Gran Depresión 2.0 y finalmente el misterio de la economía despertando de nuevo de extendido letargo lógico. En medio del pánico de la escalada del desplome financiero y ecológico, las viejas certidumbres se derrumban y los fanáticos de la lógica están en retirada por todas partes. En 2008, durante la era Bush, el Presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan, el hombre que supervisó buena parte de la caída de nariz de las finanzas estadounidenses, le dijo al público "aquellos de nosotros que hemos mirado el interés propio de las instituciones de crédito para poteger el patrimonio de los accionistas, yo incluído, estamos en estado de shock e incredulidad". Eso fue un eufemismo. Como el primer economista de la nación durante dos décadas, preparado en 50 años de riguroso positivismo, tal inocencia era tan aterradora como era hablarle a la gente sobre la falsa ciencia que les era vendida. Lo que reflejan las reflexiones de Greenspan es que la ley newtoniana de la economía positivista – el principio del interés propio, el "maximizador racional" en el corazón de la economía – está profundamente equivocado. Ahora debería quedar claro que continuar la economía como hasta ahora sería equivalente a la física sin relatividad o termodinámica.

Para que un experimento científico cruce el umbral de la especulación a la verdad debe pasar por la prueba de la repetibilidad. Para que un resultado sea considerado cierto, uno debe ser capaz de hacerlo ocurrir de nuevo. En su búsqueda por ser considerados verdaderos científicos (con bata de laboratorio y todo) en vez de ideólogos, los teóricos positivistas económicos hasta ahora solo han sido capaces de reproducir un fenómeno económico mayor – la Depresión. Este es un símbolo de que la única tesis probable en su pseudo búsqueda es que el liberalismo de mercado sin regulaciones lleva a ganancias financieras a corto plazo para los miembros más adinerados de la sociedad seguido de períodos de colapso económico.

Mientras la crisis globales económica y ecológica nos llueve encima, los positivistas están siendo forzados a admitir que su entendimiento de sistemas reales no lineares como los que hay en el mundo es, en el mejor de los casos, frágil, y que sus modelos económicos tienen un valor limitado. Todos los aspectos de la economía hoy en día, desde sus principios y axiomas fundamentals – crecimiento, libertad, progreso, felicidad, interés propio – están siendo repensados. La profesión económica está entrando un período casi nietzschiano de destrucción constructiva.

Este período es el momento perfecto para darle a los fanáticos de la lógica un empujón final hacia la polvareda de la historia. Nosotros, los economistas heterodoxos, economistas ecológicos y los preofesores y estudiantes no-tan-radicales en universidades alrededor del mundo podemos patear los los viejos paradigmas neoclásicos y pavimentar el camino hacia un nuevo tipo de economía – ¿una psicoeconomía, una bioeconomía, una economía descalza?- una disciplina amplia, multifacética, a la escala del hombre, llena de magia, misterio y espíritus animales una vez más.

Kalle Lasn y Darren Fleet

Translated by: Nomada Venezolano