Una economía nueva
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La Economía neoclásica debe su larga existencia en gran parte a los académicos universitarios que le dan brillo, la mantienen y protegen para generaciones venideras. Esta implicación va más allá de los departamentos de economía. Las universidades dividen las materias en diminutas especialidades y tradicionalmente han intentado mantenerlas separadas (hay signos que indican que esto empieza a cambiar). Sin embargo, las decisiones económicas afectan a la mayoría de los aspectos de la vida, de una manera u otra, por lo que el resto de las personas deberían al menos tener una opinión.
Hay algunas preguntas pendientes:
¿Cómo se siente el departamento de física con que las ideas económicas se enmascaren como leyes naturales?
¿Están de acuerdo los departamentos de humanidades con el cuento de que la sociedad está hecha de individuos que actúan de manera independiente? Si no, ¿cómo se refleja eso en la educación de los líderes empresariales del futuro?
¿Le parecen bien al departamento de matemáticas los modelos que se emplean en las clases de económicas? ¿Es plausible dar por supuesto cosas como la estabilidad?
¿Qué piensan los ingenieros mecánicos del margen de seguridad que emplean los “ingenieros financieros”?¿Acepta tranquilamente el departamento de estudios de género la definición de Homo economicus?
¿Están de acuerdo los sociólogos con que las sociedades siempre se comportan racionalmente? ¿Tienen sentido las herramientas neoclásicas en una sociedad constituida cada vez más en red, en la que uno de los bienes más valiosos –la información- puede ser distribuido a un coste próximo a cero?
¿Están seguros los politólogos de que la economía es políticamente neutra?
¿Están convencidos los historiadores de que la economía neoclásica es una ciencia objetiva y no un artefacto cultural moldeado por un cierto periodo de la historia? ¿Qué impacto tendrá el creciente poder adquisitivo de las mujeres? ¿Y en los países no occidentales con ideas y agendas políticas diferentes?
¿Creen los ecologistas que se toma lo suficientemente en serio el medio ambiente en los libros de texto de economía? Si de verdad creen que corremos el peligro de sufrir una crisis medioambiental que amenace a la supervivencia, la clase de introducción a la economía en su institución ¿incrementa o disminuye el riesgo?
¿Qué hace el departamento de psicología con la definición de utilidad o con la economía de la felicidad?
¿Coinciden los filósofos en que los mercados pueden tomar decisiones éticas?
Por último, ¿cómo se sienten las instituciones de élite como la Universidad de Harvard, la Universidad de Oxford, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) o el Instituto Tecnológico de California (CIT) con el hecho de que en 2007 el 20% de sus licenciados y licenciadas pasaran a trabajar directamente para el sector financiero? ¿Están siendo utilizadas estas instituciones como un filtro para seleccionar a estudiantes con talento para este área con remuneraciones excesivas y socialmente improductiva? Si es el caso, ¿no deberían las universidades intentar al menos revisar lo que imparten para reflejar mejor nuevas teorías y acercamientos, por no hablar de la ética?
Hasta que los departamentos de las universidades no rompan las divisiones artificiales que separan las asignaturas, el Neoclassical Logic Piano estará a salvo. La mejor esperanza para el cambio no viene de los administradores de la universidad, sino de aquellos que tienen más en juego: los estudiantes. Ellos son a los que se les está inculcando el cuento sobre la economía. Si deciden no aceptarlo, será entonces el fin. Una excusa que circula para justificar la falta de progreso en economía es que la academia cambia lentamente. Pero eso no es para nada cierto. No sucede nada durante mucho tiempo, pero cuando viene el cambio, a menudo es repentino y violento: como un terremoto… o efectivamente un colapso financiero. A principios del siglo pasado, la física se reescribió al completo en cuestión de unos pocos años. Los avances tecnológicos recientes como el proyecto del genoma humano han revolucionado la biología.
Así que, estudiantes, es hora de decidir. Estáis viviendo lo que muchos creen que es un punto de bifurcación en la historia de la humanidad. Habéis visto todos los gráficos con líneas curvándose hacia arriba como un salto de esquí: la población humana, el producto interior bruto, la extinción de las especies, las emisiones de carbono, la desigualdad, la escasez de recursos. Sabéis que algo tiene que ceder. Intuís que el precio no está bien. Quizás hasta sospechéis que si la economía mundial resulta ser un esquema Ponzi, vosotros o vuestros hijos llegáis un poco tarde a la partida.
Estáis en una intersección. Podéis tomar la ruta ortodoxa y arriesgaros a terminar con un título tan impresionante como una licenciatura en ideología marxista justo después de la caída del Muro de Berlín. O podéis asumir el riesgo de cambiar el régimen diciendo lo que pensáis, haciéndole preguntas a vuestros profesores, permaneciendo abiertos a ideas agitadoras, y en general, actuando como agentes del cambio.
Podéis insistir en que la economía es un sistema complejo, dinámico e interconectado, y exigir las herramientas para comprenderlo.
Podéis señalar que la economía es injusta, inestable e insostenible, y exigir las destrezas para sanarla.
Podéis decirle a los oráculos que han fallado.
Podéis entrar y romper la máquina.
Y entonces podréis hacer algo nuevo.
Una economía nueva
Claro que existe un riesgo si se toma ese camino. Pero no es mayor que el que tomaron los outsiders inconformistas Jevons, Walras y Pareto cuando desarrollaron la economía neoclásica.
Es un éxito, de aquella manera, que una teoría dure casi 150 años. Pero sería un desastre que durase una década más. Quizás fuera el cuento adecuado para un cierto periodo de la historia, o fuera el cuento que las personas querían oír, pero ha superado con creces su periodo de utilidad.
Desde la crisis crediticia, la economía mundial se ha recuperado bien en la mayoría de los lugares. Las Bolsas han recuperado muchas de sus pérdidas. El paro aparentemente se ha estabilizado, como también ha sucedido con el mercado inmobiliario en los EE.UU. Sin embargo, actualmentel, no se ha visto tal recuperación en la población de abejas. Hay menos aceite en el suelo y más carbono en el cielo. La deuda del sector privado ha sido reemplazada por la deuda del sector público, incrementando el espectro de la deuda soberana en algunos países. El sector financiero está más concentrado que antes. Los problemas reales no se han ido, solo se han intensificado ligeramente.
Donde sí están apareciendo muchos brotes verdes es en las nuevas ideas económicas que un abanico de científicos, pensadores y profesionales están desarrollando. Sus teorías quizás parezcan dispersas y sin parentesco, pero todas forman parte de un movimiento semi-coherente. En vez de ver la economía como una máquina eficiente y determinista que funciona automáticamente, ellos la ven como un ser viviente que podemos influenciar conscientemente, para bien o para mal.
La economía mundial ha crecido, y los mitos antiguos están perdiendo su fuerza. La nueva historia que está emergiendo no es sencilla ni particularmente halagüeña. En esta versión somos menos racionales, eficientes, justos o buenos. Resulta que no todos somos superhéroes con la habilidad para mirar hacia el futuro y tomar decisiones perfectas (lo cual es una pena, porque esos poderes serían bastante útiles ahora mismo).
Nunca podremos modelar totalmente la economía o eliminar la posibilidad de que haya otro desastre financiero. Pero estamos viviendo en una burbuja y tenemos que ocuparnos de nuestra deuda. Odio hacer predicciones, pero en mi opinión la siguiente crisis no será de dinero. No la desatarán banqueros o matemáticos. Será sobre algo más real. Tenemos una línea de crédito con el resto del planeta y está al rojo vivo. Pronto va a ser superada. No podemos salir de esto creciendo o trabajar más horas. No podemos devolver las llaves y partir. Es nuestro hogar.
Necesitamos reglas domésticas. Necesitamos una economía nueva.