Una Nueva Forma de Mirar a las Ciudades
Los ingenieros romanos del siglo XVI usaban el mismo sistema para proveer de agua tanto los amurallados jardines de los ricos como las fuentes para beber del exterior de los muros de los jardines para la masa de gente en las afueras.
El agua puede disfrutarse además de ser necesaria, despues de todo, fue demostrado más tarde con las fuentes de San Carlo en Quattro Fontane o las de Piazza Navona.
Podemos deleitarnos en la estética de otras necesidades además del agua, pero primero tenemos que ser conscientes de ellas. Hay varios paralelismos contemporáneos con el ejemplo romano del uso y disfrute del agua, como la formación de pequeños parques en la ciudad de Nueva York o las cadenas de grandes dependencias a las orillas como las de Baltimore, San Francisco, Monaco, Dubai, Singapur o Sidney. Pero en todas hemos perdido la oportunidad de derivar el disfrute de la necesidad. Estas oportunidades están escondidas al descubierto por doquier como nuevas práticas ecológicas o como operaciones de mantenimiento. Hablemos de ellas.
Nuestro acercamiento a la ciudad se ha vuelto más aséptico, carente del sentido del asombro y el desafío que caracterizaron muchos de los proyectos urbanos del pasado. Seguimos aferrados a la herencia de la filosofía de la Ilustración que, por ejemplo, consideraba los cementerios en mitad de la ciudad como algo insalubre y antihigienico, algo que deba ser expulsado a las afueras a la primera oportunidad.
Dadas las limitaciones del espacio, quizá debamos hacer lo mismo hoy, no solo con los cuerpos de los muertos, sino también con los residuos de nuestro consumo. ¿Quién, realmente, tiene conocimiento de las montañas de basura que se producen en la mayoría de las ciudades? (A menos que hayas estado en Napoles durante una de sus frecuentes huelgas de trabajadores). Ojos que no ven, corazón que no siente. Pero... si no vemos la basura de nuestra cultura, tanto literal como metafóricamente, no enfrentamos la realidad de lo que nuestra basura realmente dice de nosotros. Uno puede imaginar que en Nueva York, con su voraz apetito por la comida basura, la relación entre consumo y desecho produciría alarmantes estadísticas. Esta relación entre puede ser vista como ético-estética, como un proyecto cultural y medioambiental; como una oportunidad basada en ver la basura como una medida de lo que somos, más que como otra dificultad, como un obstáculo que sobrepasar técnicamente. Debemos encontrar nuevas formas no solo de tratar con el problema de la gestión de desechos y el reciclaje, sino también de dirigirnos a la basura de una forma más forense, a la búsqueda de pistas sobre qué estamos haciendo con nosotros mismos.
Ya hemos sido testigos del creciente interés en nuevas formas de producir comida cerca y dentro de las ciudades. El transporte y distribución globales de comida está siendo suplido por agricultores locales, cuyos mercados crean eventos temporales en muchas ciudades. Pero en algunos lugares, como La Habana, jardines urbanos de auto-cultivo y otras formas de producción urbana están siendo cultivadas en una escala más grande y de una forma mucho más comercial que nunca. Estos desarrollos sugieren el designar estos terrenos como la continuación del territorio urbano - en parte como nuevas formas de espacio público.